El Faro

LOS CUENTOS DE CONCHA

AVISOS

CONCHA CASAS -Escritora-

El día en que por fin Laura le dijo a Luis que ya no lo quería, se vinieron a su mente las cientos de veces que le había advertido con lágrimas en los ojos que eso podría llegar a suceder. Claro que de sobra es sabido que de nada sirven los avisos. Y más cuando se dan con todo el dolor que produce querer con locura.

Quizás por eso él nunca la creyó, hasta cuando no  tuvo más remedio  que hacerlo,  porque ya era tan evidente su falta de cariño que hasta a él le dolía. Solo tenía que haberla escuchado, haberla complacido al menos un poco, quizás así ese amor que creyeron eterno hubiese podido llegar a serlo.

Pero ¿qué se puede hacer para amar cuando ya no se ama?  Eso  se lo había preguntado Laura a sí misma cientos de veces, antes de dar el paso definitivo. Fue poco a poco, no quería herirlo.

Ocurrió como su desamor, que tardó en llegar veinte años, tres meses y doce días. Después de eso, los tres años siguientes los había dedicado a velar el cadáver de un amor que aún le dolía. Le dolía sobre todo por lo que había sido y ya no era y por lo que podía haber sido si él hubiese puesto algo, lo más mínimo, de su parte.

Pero pensar eso ya no servía más que para alargar una agonía a la que ninguno sabía poner punto final.

Bueno, por lo menos lo he dicho. Es un paso más, un paso más hacia el final,  o quizás sea mejor pensar que no será final sino el principio de una nueva relación…  Porque ¿como se borra de tu vida lo más importante de ella?… Y Luis lo fue. Desde el instante mismo en que lo conoció lo fue.  Aportó a su vida la paz que nunca tuvo, la estabilidad que le permitiría desarrollar sus más íntimas capacidades,  aprendió a ser una con él cuando todavía no lo había conseguido  con ella misma.

También le dio sus hijos, claro que con ellos fue cuando comenzó a perderlo a él. La sintió tan segura al cuidado de las crías que sencillamente se olvidó de su existencia. Sabía que ella estaría siempre en casa, cuidándolos a ellos y esperándolo a él.

¡Mira que te lo avisé veces! – volvía a repetirle cada vez que sacaban el tema. – “¡Te supliqué, te imploré que no nos abandonases como lo hacías!”…

Luis callaba porque ni siquiera recordaba esos supuestos avisos. Hacía mucho tiempo que había dejado de escuchar sus quejas. “Se agobia con los niños”- y con eso daba por zanjada la cuestión.

No calculó que los niños crecerían y que ella aprendería a ser una consigo misma,  como un lejano  día lo aprendió a ser con él. Y esa nueva mujer que había crecido a expensas de sus abandonos, fue perdiendo el cariño ciego que le tenía y en su lugar quedó un tremendo hueco, una profunda oquedad en su corazón que necesitaba urgentemente cubrirse.

Por eso el día en que Antonio la miró con ojos de no ver más que a ella, supo que Luís había pasado a formar parte del pasado.

URL: http://elfaromotril.es/?p=113175

Escrito por ElFaro en 29 oct 2018. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

Deja un comentario

WordPress Themes

Galería de fotos

Acceder mugen 2d fighting games
Wp Advanced Newspaper WordPress Themes Gabfire