El Faro

RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

EL INGENIO NUEVO. OTRA DE LAS FÁBRICAS DE AZÚCAR MOTRILEÑAS DE LA EDAD MODERNA

MANUEL DOMÍNGUEZ -Historiador. Hijo Predilecto de Motril-

En este articulo nos seguimos ocupado de la historia azucarera de Motril a través del estudio del Ingenio Nuevo, otra de las antiguas fábricas que estuvieron produciendo azúcar en nuestra ciudad entre los siglos XVI y XVII y del que hoy solo quedan algunos documentos sobre su existencia en varios archivos históricos y que nos aportan algunos datos sobre su historia.

Fue construido inicialmente por Francisco Navarro, vecino y regidor de Motril, en 1573 en un haza de tierra situada por encima de la rambla de Castil de Ferro, lindaba por el sur con la acequia principal, por el norte con un ejido despoblado y por levante con tierras de Jerónimo de la Peña. En la actualidad ese antiguo ingenio estaría situado aproximadamente entre las calles Marjalillo Bajo, Huerta de Estévez y Avenida de Andalucía.

El citado terreno había pertenecido a Juan Cordero que en testamento fechado en 1540 dejó una memoria de misas perpetuas por su alma y la de su mujer que se deberían decir “por siempre jamás” en la Iglesia Mayor. Para pagar las misas determinó que se hiciera sobre la renta de esta haza de su propiedad plantada con morales y otros árboles. Pasado el tiempo y olvidada por los beneficiados eclesiásticos la cláusula testamentaria de Cordero, decidieron venderla por 80 ducados al regidor Navarro que labró en ella, como decíamos, un ingenio azucarero.

El regidor muere en 1575 y nombró como heredero universal de todos sus bienes en Motril al comerciante genovés afincado en Zaragoza Francisco Osago que, también, tenía algunos intereses económicos y tierras en la villa motrileña y del que Navarro había sido su administrador. La herencia estaba constituida por una casa principal, otros inmuebles, el ingenio de azúcar y 700 marjales de tierra en el pago de Trafarramal, hoy la zona de Playa Granada.

Osago tomó posesión de los bienes en 1576 y mantuvo el ingenio funcionando, unas veces aviado por él directamente y otras lo arrendó a diversos comerciantes genoveses y españoles afincados en Granada y Motril. En 1578 hipotecó el ingenio y todos sus pertrechos y máquinas a Jacomo y Jerónimo de Espínola y en su nombre y como fiador, puso al, también, genovés Juan María de Sauli. Osago no pagó la hipoteca y los Espínola ejecutaron la deuda y tomaron posesión de ingenio, cediéndolo para su gestión y funcionamiento en 1583 a Enrique Salvago.

La huerta de Villalba a principios del siglo XX. Lugar donde estuvo edificado el Ingenio Nuevo

Por escritura fechada en Génova en 1596, los Espínola y Salvago cedieron el ingenio y las tierras a su primo Juan María Espínola a cambio de que pagara toda la deuda que Osago les había dejado a deber. Este Espínola también lo mantuvo en funcionamiento arrendándolo a diversos aviadores.

La fábrica sufrió un importante incendio en la temporada de 1599-1600 y desde entonces quedó abandonado y sus edificios casi en ruinas, siendo conocido desde entonces por los motrileños como el “Ingenio Quemado”.

Y así estuvo desmantelado hasta que en 1614 es comprado con todos sus pertrechos y junto con los 700 marjales de Trafarramal, por el motrileño Alonso de Contreras en 4.000 ducados a Isabel de Pinelo, vecina de Madrid y viuda de Juan María Sauli, que había sido finalmente cesionario de las propiedades motrileñas de la familia Spínola. Cuando lo compra Contreras el ingenio estaba “maltratado y abierto por el fuego”, cayéndose sus paredes y tejados. Para que no se terminase de perder Contreras, con acuerdo del Concejo de Motril, lo reparó completamente, reconstruyendo lo que había quedado del edificio de la antigua fábrica y reponiendo todas las maquinas, hornos, calderas, molinos, prensas, etc.; hasta dejarlo, como se indicaba en aquella época, “corriente y moliente”, es decir listo para empezar a moler cañas y producir azúcar. Para ello, el empresario motrileño, tuvo que gastar 66.135 reales, según las tasaciones que habían hecho carpinteros, albañiles, canteros, caldereros, herreros y otros oficiales en 1617.

Aparte del edificio propio del ingenio que sería de grandes proporciones, la fábrica tenía caballerizas, corrales, una casa accesoria que le servía de apero y una noria para sacar agua de la acequia.

El ingenio tenía un “cuarto de molienda” donde se molían las cañas con cuatro molinos de rodillos horizontales de madera cubiertos con planchas de hierro y claveteados, movidos por revezos de mulos; un “cuarto de vigas” con cuatro prensas de viga para el bagazo, un aljibe hecho de cobre para el caldo de las cañas y en la “cocina” sentadas en sus respectivos hornos para cuajar el azúcar: dos calderas de jarope, cuatro calderas de melar y cuatro calderas tachas. Los hornos eran alimentados con leña durante las 24 horas del día desde la “fogata”.

En 1627 la viuda de Alonso de Contreras, Ana Gutiérrez, lo vendió al genovés avecindado en Granada Rolando Levanto en 9.000 ducados. Levanto lo arrendó en diversas ocasiones a genoveses como es el caso de la familia Veneroso, Franquís, Osago y Nasso. Tras la quiebra de Rolando Levanto, el ingenio es vendido en 1643 a Juan de Mestanza Pizarro. En 1656 el ingenio produciría unos 100.000 kilos de azúcar. A mediados del siglo XVII estaría en bastantes ocasiones arrendado por la familia Ruiz de Castro.

En el último tercio del siglo XVII fue embargado por la Real Hacienda por una hipoteca que habían hecho varios regidores de Motril a principios de la centuria, para poder comprar a la Corona las rentas de la ciudad y que fueran propias del Ayuntamiento. Alonso de Contreras, que en esa época era regidor de Motril, puso como aval de la hipoteca, entre otras cosas, el ingenio Nuevo. Como la hipoteca no se pagó el ingenio fue embargado a Juan de Mestanza y para 1688 estaba de nuevo en ruinas y muchos de sus pertrechos había sido robados.

Desaparecería así otro de los tradicionales ingenios azucareros motrileños, que durante años molió grandes cantidades de tareas de cañas y produjo ingentes cantidades de azúcar. Finalmente, los restos de los edificios del ingenio fueron demolidos a mediados del siglo XVIII para poner en cultivo su solar, que volvería ser lo que había sido al principio, una huerta, llamada de Villalba en el siglo XIX y parte del XX.

URL: http://elfaromotril.es/?p=113001

Escrito por ElFaro en 24 oct 2018. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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