El Faro

De aguacates, medioambiente y ecoquinceañeras

Catalina Jódar, Cata para sus padres, es una quinceañera nacida en Motril que tiene pensado llevar a cabo una movida que impacte tanto como la que ha montado Greta, Greta Thumber, una chica sueca que también tiene quince años. La tal Greta ha tenido el valor de iniciar una peculiar huelga: no acudir a su instituto como protesta por la inacción de los políticos ante el evidente cambio climático.

A pesar de su corta edad, la sueca Greta, al igual que la comunidad científica, tiene pocas dudas respecto a la implicación de la mano humana en el aumento de las temperaturas del planeta.

Y también es consciente de lo poco que hacen quienes podrían hacer mucho, e incluso está al día de la existencia de ese grupo de negacionistas que ha ganado atención, peso y poder con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, los cuales, sí, tienen asumido que el globo se calienta, aunque lo atribuyen a factores naturales contra los que, según ellos, nada podemos hacer, aun sabiendo que el 97% de los estudios publicados sostiene justo lo contrario.

CATALINA JÓDAR

La motrileña Cata le da vueltas al interesante razonamiento que la sueca Greta ha expuesto a la sociedad tras decidir no asistir a clase: Si a los políticos no les importa una mierda mi futuro, a mí tampoco. Y esa reflexión, que también es una sutil bofetada a la clase política, es la que a Greta le da valor para seguir sin acudir a su instituto y plantarse a diario desde el pasado 20 de agosto frente al parlamento sueco.

Por eso Cata admira a Greta, y porque, además de ser una chica concienciada con el medioambiente, es muy, muy valiente.

La motrileña Cata también es una chica concienciada. Su conciencia medioambiental despertó tempranamente, alentada por la ayuda comprensiva de sus padres, que siempre impulsaron las inclinaciones combativas de su hija. Y son precisamente ellos los que le han hecho saber que en los mentideros motrileños se habla de dos actuaciones que el ayuntamiento de Motril, al parecer, piensa acometer.

La primera actuación consistiría en demoler las viejas instalaciones de la grúa municipal con la intención de construir en su lugar una pista para patinetes, un circuito de skate o patinódromo, obra que irá acompañada de la remodelación de las viviendas de la Alcoholera con destino a situar, allí, la futura Casa de la Juventud de Motril.

Y la segunda actuación que se llevaría a cabo sería la tala de tres aguacates, entre los que se encuentra el que podría ser el aguacate más viejo de Europa.

Es cierto que en los mentideros, tanto como en las redes sociales, se suele compartir información no siempre contrastada, lo que no significa que también existan informaciones que si resuenan es porque realmente llevan agua.

Y ante esa posibilidad comentada por sus padres, Cata se está planteando llevar a cabo una acción que trascienda y zarandee las conciencias de quienes tienen en su mano la posibilidad de evitar la tala de esos aguacates, que se plantaron, según lo investigado y certificado por especialistas, entre 1930 y 1940.

Interesada como está Cata, ya sabe que esos tres aguacates se sitúan en el patio del colegio Cardenal Belluga. Junto a los columpios, se encuentra un hermoso ejemplar, aguacate que llama la atención por su porte y al que le acompañan un segundo, parapetado contra la tapia del colegio, y un tercer y triste tocón, carcomido pero rejuvenecido por algunos rebrotes. Son aguacates locos y son un problema, porque las ratas se acercan a comerse los aguacates y son un peligro para los niños, dicen que dicen algunos.

El hecho es que Cata tiene la intención no solo de atreverse a dar la cara, como la sueca Greta, sino de emular a quienes en su día se encadenaron a un árbol para defender que no lo talasen, como hizo una mujer de Orihuela, que se encadenó a un pino centenario para evitar que lo cortaran.

Cata tiene muy claro que ella también se encadenará al hermoso aguacate, identificado como una variedad cruzada entre guatemalteco puro y mejicano que merece la pena que se conserve como monumento histórico, sugerencia sostenida por un reconocido especialista nacional en la investigación con subtropicales.

Lo cierto es que si el interés en talarlos persiste, Cata ha prometido avisarnos cuando tenga decidido qué día se encadenará al que ciertamente no solo es el aguacate más viejo de Granada sino que es también el último centinela de la vega motrileña, como bien se apunta en la información publicada por El Faro de Motril el pasado 31 de agosto (*).

Y es esa documentación publicada en El Faro de Motril, precisamente, la que le ha servido a Cata para afianzarse aún más en la defensa de esos aguacates, que fueron testigos tanto del afortunado agroentusiasmo de quienes los plantaron como de un largo y silencioso desamor por parte de las instituciones.

Afortunadamente, los aguacates aún son fieles testigos del juego de los niños bajo sus sombras, lo cual ayuda a confiar en el buen hacer de la mano humana, que será la que, felizmente y gracias al empeño de conciencias como la de Cata, les brinde muchos más años de vida.

Ahora sólo queda aguardar, construir el pasado que seremos y esperar esas decisiones que se toman en despachos tintados de principios, mientras se van marcando los efímeros instantes que nos sirven para valorar el transcurrir del tiempo.

Información: granadatropical.es

URL: http://elfaromotril.es/?p=110884

Escrito por ElFaro en 7 sep 2018. Archivado bajo Galerías, Imágenes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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