El Faro

EL AGUACATE PRODIGIOSO

El aguacate prodigioso

Un intento por salvar, quizás, el aguacate más antiguo de la Costa Tropical

FERNANDO ALCALDE, BUXUS

Hace unos días nos llegó a la Asociación Buxus, de forma absolutamente fortuita, la noticia de que el ayuntamiento de Motril pensaba demoler las viejas instalaciones de la grúa municipal con la intención de  construir en su lugar una pista para patinetes, un circuito de skate, obra que, al parecer, irá acompañada de la remodelación de las viviendas de la Alcoholera con destino a situar, allí, la futura Casa de la Juventud de Motril.

Recordé, en ese momento, un plano y una pregunta que me hicieron llegar hace algunos meses y que, con esta nueva noticia, cobraban actualidad. El citado plano, sin fecha, pero que posteriormente pude situar hacia 1982, recogía un sector de la zona ahora afectada por el mencionado proyecto; no guardaba mayor interés que la inclusión de la localización de un árbol al que acompañaba una atrevida anotación: “el aguacate más viejo de Europa”, y una acotación: 23,58 m de diámetro de copa. La pregunta que figuraba al dorso no podía ser otra que: “¿Sabes algo de esto?”.  Y no, no sabía nada de aquello.

Me fui raudo al encuentro con aquel enigmático árbol. Con el plano entre mis manos, fatigué mis pasos intentado cuadrar su posición, rotándolo y escudriñando el terreno desde cada rincón del parque  con la esperanza de que su ausencia fuese causa de mi impericia y no del habitual y fatídico destino que suele correr el arbolado de nuestra ciudad. Revisé de nuevo el plano y, en pleno patio del colegio Cardenal Belluga, junto a unos coloridos columpios, encontré un gran ejemplar de aguacate que, sin llegar a tener las dimensiones del buscado, llamaba la atención por su porte, pese a carecer de riego ni cuidados. A este le acompañaban en su destierro un segundo, parapetado contra la tapia del colegio y un tercer y triste tocón, carcomido, pero rejuvenecido por algunos rebrotes. “Son locos y son un problema, porque las ratas se acercan a comerse los aguacates y son un peligro para los niños”, acertó a decirme alguien que andaba por allí.

En los días siguientes no pude reprimir preguntar por el árbol a algunas personas con las que tropecé y de las que intuía que por razón de su edad u ocupación podían conocer algo sobre el tema. De todo ello pude concluir que, efectivamente, el árbol existió y que tuvo ese porte. Nadie conocía quien lo había plantado, pues la única referencia era aquella anotación superlativa que lo encumbraba a decano de los aguacates europeos y que, al parecer, la realizó la antigua propietaria de la finca, Doña María Luisa Español y Vélez Ladrón de Guevara,  en el momento de su transmisión al ayuntamiento de Motril. Según algunas fuentes, el portentoso árbol desapareció en tiempos muy recientes por causas no definitivamente aclaradas, pero en las que media, en todas las versiones, la participación accidental de una máquina excavadora en las labores de construcción del Parque de los Pueblos de América. No obstante, aprecié una continuada confusión sobre el lugar donde se hallaba el árbol, pues me hablaban indistintamente de ejemplares situados en el parque y junto a la antigua piscina municipal.

Aquí acabó inicialmente esta investigación sin pretensiones, hasta que hace unos días volvió a cobrar urgencia ante la noticia de la obra que pensaba realizarse. Y recordé los ejemplares que quedaban en el patio del colegio y que podrían acompañar en su destino fantasmagórico al ya difundo.

Volví a las indagaciones y decidí importunar a D. Rafael Gámez, motrileño casi nonagenario afincado en Atarfe que, además de haber vivido durante muchos años en las casas de la Alcoholera, es conocido por disponer de una memoria homérica. Y de nuevo me certificó la presencia de aquel aguacate ciclópeo y de otros menores que lo acompañaban; descripción que finalizaba con una aclaración: “Aquel terreno no era de La Fábrica (La Alcoholera), ni de la Huerta del Cheno,  sino de La Granja Agrícola”,  un centro experimental que funcionó en esta zona a comienzos del siglo pasado de la mano de Arsenio Rueda, el ingeniero agrónomo pionero en el ensayo de diferentes variedades de caña de azúcar y que fue el introductor de la famosa caña de almil (y de la que es nieta la actriz Belén Rueda, sea dicho de paso), pero ¿tendría algo que ver él  con los aguacates?

Así que con esto  me fui en busca de la persona que tiene la historia de nuestra ciudad en su cabeza y en sus armarios: Encarna Escañuela, archivera municipal, que casi me deshizo con la mirada cuando le pregunté si disponía de alguna información sobre la Granja Agrícola. Y aquí resumo lo que me contó y leí de los textos que me proporcionó:

La estación de Agricultura General de Motril se creó en 1902 pero permaneció inactiva hasta la llegada de Arsenio Rueda Marín, miembro del cuerpo nacional de Ingenieros Agrónomos, que se hizo cargo de la finca el 15 de octubre de 1917. En 1924 la estación de Agricultura General de Motril pasó a depender de la Estación Agropecuaria de Granada, trasla­dándose la actividad al pago de la Vega denominado “Cercado de La Virgen” que comprendía tres hectáreas de regadío y otras doce de secano, -esto es, el lugar donde hoy se encuentra parte del Parque de los Pueblos de América y la piscina municipal-. D. Arsenio Rueda ocupó una de las viviendas de la Alcoholera entre 1917 y 1924, junto a otra dependencia donde se localizaba el laboratorio. En 1924, Arsenio Rueda fue nombrado Director de la Estación Experimental de Granada, ejerciendo posteriormente diferentes cargos hasta que el 15 de junio de 1942 se marchó a Zaragoza como Director de Regadíos.

La mayor parte de la investigación de Rueda en Motril se centró en la caña de azúcar, siendo el responsable de la introducción de la variedad POJ 2727, originaria de Java, resistente a las enfermedades como el “mosaico” y de alto rendimiento en sacarosa, que supuso la salvación de la industria azucarera motrileña; fue conocida popularmente como caña de almil -“del mil”, por ser una de las primeras variedades numeradas-. Pero, al parecer, también hizo sus pinitos con otras especies vegetales: Sabemos que ensayó el tabaco, el boniato, la soja y el algodón… y, quizás, el aguacate.

Arsenio Rueda se fue de Motril tras haber salvado a la industria azucarera y a toda la economía local. Como recompensa se llevó una deuda de 6000 ptas que el primer alcalde franquista se negó a satisfacer, un intento de destitución por parte de los industriales y terratenientes motrileños y la chufla y desprecio general por sus métodos científicos.

Con la partida de Arsenio Rueda, la finca comenzó a decaer, de tal modo que en la década de los años sesenta, el centro ya había dejado de pertenecer a la región agrícola de Gra­nada para depender de la Estación de Málaga. Hacia los años setenta los propietarios a quienes el estado había arrendado los terrenos –Doña María Luisa Español y Vélez Ladrón de Guevara-, los reclamaron, y la estación motrileña cerró.

Pero seguía sin saber si el aguacate tuvo alguna relación con la Granja Agrícola. Intenté localizar sin éxito alguna pista en la colección de fotografías del fondo documental Arsenio Rueda custodiado en el Archivo Municipal de Motril; tras revisarlas detenidamente, los aguacates no aparecían en ellas por lo que resultaba obvio que su plantación debió ser posterior a su realización, en la década de 1920. Recurrí, a continuación, al fondo de fotografías aéreas del Instituto Geográfico Nacional y allí, sí, localicé una serie de ortofotos de los años 1945, 1955 y 1977 que permitían reconstruir la evolución de este huerto. En la primera de ellas se distinguen tres árboles en las mismas localizaciones que los actuales aguacates del colegio, junto a un grupo más numeroso, separado de ellos, conformando una plantación geométrica. En las siguientes, se puede observar como estos últimos desaparecieron al ser sustituidos por otra plantación de arbolado, que corresponde con los chirimoyos actuales.

Seguí indagando en la bibliografía sobre el aguacate y no tardé en toparme de bruces  con su obra de referencia,  el libro de Julián Díaz Robledo ‘Historia del Aguacate Español’, que dedica un interesantísimo y evocador  capítulo a describir los viajes que realizan en 1954 Roger Magdahl y Luis Sarasola, los pioneros del aguacate comercial español, por la costa mediterránea a lomos de una motocicleta, intentando localizar las plantas de aguacate existentes y el lugar idóneo donde comenzar su aventura agronómica. En este viaje cuenta la localización de un huerto con aguacates en la Estación experimental de Torrox, hermana de la de Motril y hoy desaparecida; tres pies de origen mejicano, sin injertar, en Almuñécar (uno de ellos fue arrancado y de los dos restantes no tengo noticias); y en Motril, ¡oh sorpresa!, los ejemplares de la abandonada Granja Agrícola. Se trataba, según sus palabras, de los primeros aguacates antillanos –comerciales– que encuentran. Eran plantas sin injertar, de unos 15 a 20 años de edad, dispuestas en un huerto, junto a otro, el primer aguacate injertado que encontraban, lleno de frutos, y, a diferencia de los que habían visto en Málaga, de características guatemaltecas, es decir, de una gran proporción de carne. Describe el árbol como mayor que los anteriores, de unos 20-30 años de edad y separado del resto, situado “junto a la entrada del huerto”.  Un par de años antes, Wilson Popenoe, un especialista californiano que también visitó la finca, describió igualmente la existencia de un gran árbol guatemalteco, un Mayapán, y otros 20, entre mexicanos e híbridos, en un huerto cercano.

Todo iba indicando que los aguacates del colegio se plantaron entre 1930 y 1940 como certificaban tanto los especialistas citados como las imágenes del Instituto Geográfico Nacional, y que se trataba de un ensayo agronómico que remitía a las cualidades técnicas de Arsenio Rueda.

Pero necesitaba una confirmación de algún especialista. Así que llamé a Laura Soler, bióloga, investigadora, empresaria agrícola del mundo de los subtropicales y entusiasta de los árboles, que casi me arrastra  al colegio cuando le conté lo del árbol.

–Huele-, me dijo

-No huelo nada-, respondí, haciendo evidente una de mis muchas carencias.

-¿No hueles a anís?

-Pues ahora que lo dices…

El olor a anís de las hojas del aguacate es una de las características de los pies de origen mexicano, los más antiguos traídos a nuestro país. Los rebrotes del tocón del tercer ejemplar correspondían a uno de ellos. Sin embargo, el fruto del gran aguacate del patio del colegio era propio de un árbol productivo de alguna variedad guatemalteca como había descrito Popenoe; un dato que nos conducía, de nuevo, a la experimentación de Arsenio Rueda. Laura se llevó unos frutos y los envió a José María Farré, posiblemente el mayor especialista nacional en la investigación con subtropicales.

Y en medio de esta incertidumbre, Encarna Escañuela hace un descubrimiento sorprendente. En el océano del archivo municipal, encuentra, ¡ahí es nada!, el diario de operaciones de la Estación Agropecuaria de Granada, de la que dependía la finca motrileña, y donde se recogen las actividades de nuestro ingeniero agrícola entre 1924 y el comienzo  de la Guerra Civil, anotadas de su puño y letra.

En el diario se describe su frenética actividad y la calidad de su investigación, que lo lleva a ser el representante español en el Congreso Internacional de Agricultura Tropical de Paris en 1931. Son páginas donde describe su lucha contra el mosaico de la caña, los ensayos de tabaco, algodón, soja, aleurites y, en octubre de 1935, en plena II República,  ¡bingo!, la plantación de unos aguacates enviados por el agregado español en Washington; plantación que la trágica intermediación, unos meses después, de la Guerra Civil hizo que quedasen olvidados, sobreviviendo a duras penas y reducidos en el imaginario motrileño de posguerra a la excentricidad de una árbol americano de fruto indigerible pero que, unos años después, transformaría la costa de Granada en la Costa Tropical.

Hace unos días nos contestó Farré; él conoció este árbol en 1969, al que identificó como una variedad cruzada entre guatemalteco puro y mexicano que fue catalogada como “variedad Motril” en la Mayora, y al que Popenoe llamó Mayapán. Fue muy utilizada en la Costa hasta ser sustituida por el Hass, nos indicó, para finalizar con esta frase: “Si es el mismo árbol, merecería la pena conservarlo como monumento histórico”.

Los aguacates del colegio Cardenal Belluga son, así, el testimonio de la primera experimentación científica del árbol en Andalucía; posiblemente, los más antiguos de Granada y de los más antiguos de Europa; son el kilómetro cero de la Costa Tropical, un patrimonio que bien gestionado puede ser un enorme reclamo turístico ligado a la historia de las Granjas Agrícolas, la revolución agrícola-industrial y la experimentación de las variedades de subtropicales y de la caña de azúcar, que bien merece que el proyecto de parque de skate se desplace unos metros. Creemos que es un momento inmejorable para saldar la deuda que nuestro pueblo tiene con la figura de Arsenio Rueda, reconstruyendo su laboratorio en la Alcoholera y dando a conocer sus investigaciones.

Así se lo hemos trasladado a los responsables técnicos del proyecto, quienes han prometido tenerlo en consideración. Si no es así, permítame el lector reclamar, en ese momento, su ayuda para salvar al viejo centinela de la Vega de Motril.

Fernando Alcalde, Asociación Buxus.

URL: http://elfaromotril.es/?p=110604

Escrito por ElFaro en 31 ago 2018. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

4 Comentarios por “EL AGUACATE PRODIGIOSO”

  1. Manuel Cabezas

    Buenas tardes Fernando. Magnífica labor de investigación. La idea que propones de crear un proyecto en torno a la figura del señor Rueda y su labor de investigación tan importante como desconocida en Motril con epicentro en los aguacates me parece sensacional.

    ¿De qué manera podríamos ser de ayuda o de utilidad?

    Un saludo

  2. porque siempre tengamos en motril persona que se preocupen por nuestro pasado

  3. Apasionante historia. Un relato que llena de emoción al lector. Fernando te hace tan partícipe de la historia que parece que vas siguiendo sus pasos literalmente.

  4. FERNANDO ALCALDE RODRIGUEZ

    Gracias por vuestros comentarios. En este momento estoy intentando recopilar más información sobre este asunto. Cualquier información o contacto con algún familiar sería de gran ayuda.

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