El Faro

LOS CUENTOS DE CONCHA

APRENDIZAJES DE VIDA

CONCHA CASAS -Escritora-

“Mi despedida fue tan torpe como todo lo demás. No sé si él lo notó o las emociones que nos sacudían a los dos desde la noche anterior le impidió hacerlo. Le hablé de todos esos proyectos, que hasta hacía apenas 24 horas ocupaban toda mi vida, como si le hubiesen dado al play en un imaginario equipo de sonido, porque desde que nuestros ojos volvieron a encontrarse en el teatro, todo menos él y yo, ese nosotros que casi era uno, había pasado a un segundo plano

Incompresiblemente todos los sentimientos que creí superados, enterrados, y casi olvidados volvian de golpe a mi en un impacto casi mayor que aquella primera vez. Porque entonces no sabía que  aquel maravilloso momento tan lejos de la pena y tan cerca de la gloria, me iba a llevar a vivir uno de los episodios más dramáticos de mi vida.

En cambio esta vez, aunque me había devuelto al cielo como en aquella ocasión, como si en medio no hubiese ocurrido nada, como si mi vida no se hubiese hecho añicos, como si mi corazón no se hubiese volatilizado en millones de micropartículas punzantes y dolorosas que se clavaron en todo mi ser… yo sabía que todo eso que él desconocía, había ocurrido.

Reconstruirme a mi misma me había llevado años. Años de soledad, de dolor, de culpa. Años de añorar lo que nunca pudo ser… ¿Porque al fin y al cabo, quien era él? Un canalla, me decían todos. Un profesional del amor, un libertino…Nunca creí nada de eso. No sabía cómo se había comportado con otras mujeres, ni la verdad me importaba,  pero sí sabía lo que había ocurrido entre nosotros. Jamás mi cuerpo sintió el roce de otra piel como si fuera la propia, jamás me fundí con alguien que a la vez era yo misma, jamás vibré en la plenitud de unos sentidos que iban por libre, sin contar conmigo, sin importarles nada… porque su alma y la mia se unieron con la misma intensidad que lo hiceron nuestros cuerpos.

Por eso huía, porque no podría soportar perderlo de nuevo, porque no podía permitirme que lo que sentía arruinase lo que tanto me había costado reconstruir… que no era otra cosa que a mí misma

Nunca mi ciudad me pareció tan triste, nunca lloré tanto como esa noche en la que por segunda vez en mi vida, el dolor me nacía en las entrañas como un fuego candente que amenazaba con destruirme entera. Cada pensamiento me arrancaba un gemido y este, como un torrente imparable, ese llanto que quería sentir liberador. Porque sabía que lo que estaba iniciando era una huída. Una huida hacia mí misma, lejos de él,  porque con él yo dejaba de ser yo. Mi amor era tan grande que me sepultaba, me hacía desaparecer… y no podía, no debía perrmitirlo. ”

Marta encontró ese recuerdo escrito, en una vieja caja, cuando esa primavera decidió tirar todos los trastos que a lo largo de la vida se van acumulando sin mas. Se quedó sorprendida con el texto y más aún porque era evidente que lo había escrito ella… o alguien que en algún remoto tiempo fue ella.

La persona que ahora lo leía estaba tan lejos de lo que ahí se expresaba de una forma tan trágica y dramática, que una sonrisa condescenciente se dibujó en su rostro.

Con sus setenta años largos, muy largos, dos matrimonios y tantos amantes que apenas podía recordarlos, le costaba ponerse en el lugar que ella misma ocupó cuando escribió esas líneas.

Se imaginó joven, desehecha en llanto, rota por dentro, pensando que el fin de esa relación, de la que ahora ni siquiera se acordaba, había acabado con ella y sintió lástima por esa mujer, por esa ella de la que tan lejos se sentía.

Claro que todo eso había ocurrido cuando la persona que ahora lo leía estaba apenas aprendiendo a vivir.

¡Que larga es la vida y que poco dura! Pensó sonriendo todavía. Ni siquiera pudo ponerle rostro al que tanto dolor le había causado, ni mucho menos nombre. Uno más de tantos a los que erróneamente les damos el poder sobre nuestra felicidad, pensó.

Hacía tiempo que los hombres habían pasado a un segundo plano en su vida, no porque no siguieran en ella, de hecho se sorprendia a sí misma enamorándose cada equis tiempo de algún galán otoñal de los que seguian revoloteando a su alrededor, al menos hasta hacía bien poco. Pero ya lejos del drama y de la pena con la que asociaba el amor en su juventud.

Lástima de la energía desperdiciada en los amores no correspondidos… aprendizajes de vida, que al final  es lo que son como todo, o casi todo.

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Escrito por ElFaro en 30 jul 2018. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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