El Faro

RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

MOTRIL EN EL SIGLO XIX. La crisis de fin de siglo (1884-1900)

MANUEL DOMÍNGUEZ -Historiador. Hijo Predilecto de Motril-

Para 1884 Motril es una sociedad con vida económica propia y todo parece anunciar un próximo y definitivo despegue económico que a la postre no se va a producir ya que la caña y el azúcar terminarían entrando en crisis. En febrero el azúcar no alcanza los precios previstos y prácticamente se paraliza la zafra y tres de las fábricas no se abren cuando comienza la campaña. El paro es abrumador y no puede ser absorbido por las obras publicas proyectadas por el Ayuntamiento. En septiembre llega la noticia de una epidemia de cólera en Alicante y es necesario adoptar medidas sanitarias que hacen aún más difícil disponer de fondos municipales para dedicarlos a generar empleo. El fantasma del hambre hace su aparición en la ciudad. Son inútiles las gestiones realizadas por los diputados motrileños Plácido Jiménez Caballero y José Rodríguez Jiménez ante el gobierno de Madrid solicitando ayuda económica para Motril. Para colmo de males, la noche del 25 de diciembre un importante terremoto sacude la población produciendo importantes daños materiales.

Se inicia 1885 con los motrileños fuera de sus casas en campamentos improvisados y continuándose los movimientos sísmicos. Una cuantificación de los daños realizada por el Gobierno Civil de Granada nos habla de 15 casas derruidas y muchas más dañadas. Hubo que derribar la Puerta de Granada, parte del hospital de Santa Ana, la torre de la iglesia de la Victoria y un trozo de la ermita de la Aurora y reconstruir las salas altas de la Casa Capitular y la Cárcel Pública. Para aliviar un poco el paro se decidió emplear 12.000 reales en jornales destinándolos a desmontar el Cerro de la Virgen de la Cabeza. El Ayuntamiento presidido por Pedro Moreu acordó renovar el voto a Nuestro Padre Jesús Nazareno y celebrarlo con una procesión hasta el Cerro acompañado por la Virgen de la Cabeza como lo hicieran nuestros antepasados por el seísmo de 1804.

. José Jiménez Caballero. Uno de los políticos locales más influyentes del Motril de esta época

También, en este año, se cierra definitivamente el ciclo de expansión de la caña de azúcar, debido a la nueva legislación de importaciones de productos coloniales en la que los aranceles menos proteccionistas implican un gran aumento en la introducción de azúcar cubano y por el gran desarrollo de la producción de azúcar de remolacha. Esta situación obligó a una rápida y forzada reconversión que se continuaría hasta principios del siglo XX. Ya no se volvería al antiguo esplendor, todo lo más a períodos relativamente favorables que permitirían la pervivencia del cultivo cañero y la producción azucarera.

De todas maneras, Motril es ya una ciudad con vida económica propia y centro rector de una importante comarca agraria. Se cuenta en la ciudad con seis fábricas de azúcar, tres de harinas, una de chocolate, tres fundiciones de plomo, cuatro fábricas de tejidos y cuatro de jabón. Entre los profesionales se encuentran: 16 abogados, 13 maestros, 8 médicos, 8 procuradores, 3 notarios, 3 veterinarios, 4 farmacéuticos, un librero, 2 impresores, 8 sastres y 3 sombrereros, además de un importante número de artesanos: zapateros, carpinteros, maestros de obras, talabarteros, herreros, etc. Cuatro países europeos tienen representación consular en nuestra ciudad: Francia, Alemania, Gran Bretaña y Dinamarca.

1885 es también el año del cólera, epidemia que afectó a Motril entre julio y septiembre, produciendo aproximadamente 500 víctimas. En junio se establecieron por el Ayuntamiento las primeras medidas sanitarias blanqueándose las casas, regando las calles y obligando a hacer escusados en todas las viviendas. Se abrieron dos estaciones de fumigación de viajeros y mercancías en el Ventorrillo del Lobo en la carretera de Granada y en el camino de Las Ventillas, atendidas por seis funcionarios municipales y los médicos titulares. Se preparó el cementerio abriendo grandes fosas comunes y se acordó utilizar el antiguo convento de Capuchinos como hospital de coléricos. El 22 de julio hay ya casos registrados de cólera y se producen las primeras víctimas. La epidemia se ceba ampliamente en los habitantes de los barrios más pobres y especialmente en los niños y ancianos, siendo el período más crítico en la segunda quincena de agosto con casi 300 víctimas. El 17 de septiembre se observa una notable reducción de enfermos y el día 24 se da por concluida la epidemia, acordando el Ayuntamiento declarar fiesta local el día 28, celebrándose un solemne Te Deum en la Iglesia Mayor, toques de campanas, luminarias, cohetes y pasacalles de la Banda de Música. Por la tarde se celebraría una procesión con los santos patronos a la que asistirían todas las autoridades locales.

A partir de la década de los 90, Motril empieza a perder definitivamente el control sobre el azúcar y, debido a las grandes producciones cañeras, aparece el fenómeno de la superproducción y la especulación; provocando, junto al elevado número de azucareras y la competencia brutal entre ellas, la concentración de la propiedad, motivada por la política de adquisición de tierras seguida por los fabricantes con el exclusivo fin de asegurarse la materia prima. Las tierras son entregadas a arrendatarios con la obligación de cultivar de cañas el 75% de la superficie y llevarlas a moler a la fábrica propietaria de la tierra. Además, para promover el cultivo, los fabricantes comienzan a anticipar fondos a los labradores pequeños propietarios con el fin de que estos atiendan los gastos de plantación y cultivo. Posteriormente estos anticipos eran descontados de los beneficios obtenidos tras la molienda, con lo que el labrador se obligaba, también, a llevar sus cañas a la azucarera que le hacía el préstamo inicial, quedando así sometido directamente a su control.

Esta situación acentuó la especulación y la guerra entre fabricantes, con lo que en el momento en que se produce la superproducción azucarera cañera y remolachera, todo el sector entraría en crisis, iniciándose, por otro lado, los enfrentamientos entre cañeros y fabricantes, motivados generalmente por desacuerdos en materia de precios de la caña, ya que no existía una reglamentación en esta materia que estableciese un equilibrio estable y siempre eran las azucareras las que imponían sus precios, obteniendo los mayores beneficios con el proceso de transformación.

Cinco fábricas molturaban cañas y producían azúcar en 1896: Nuestra Señora de la Cabeza de la “Sociedad Azucarera Larios e Hijos”, Nuestra Señora de las Angustias de Juan Ramón Lachica, el Ingenio San José de Juan López Rubio y Cía., Nuestra Señora de Lourdes de López Guinea y Herranz y Nuestra Señora del Pilar de Pilar León, marquesa de Esquilache.

En estos últimos años del siglo XIX la burguesía local decae y se conservaduriza, mientras que los trabajadores se proletarizan a marchas forzadas, produciéndose los primeros intentos serios y efectivos del desarrollo del asociacionismo obrero.

Fábrica azucarera “Nuestra Señora de la Cabeza”, propiedad de la familia malagueña Larios

Las familias más influyentes siguen siendo los Moré, que poseen un banco al que había precedido una agencia de seguros, los Ravassa también banqueros que entroncan con otra familia relevante: los Esteva. La familia Jiménez Caballero sigue aportando sus miembros a la política local, provincial y nacional como es el caso de Manuel y José Jiménez Caballero. Pero quizá los más influyentes seguirán siendo la familia Moreu, porque la familia Burgos representada en estos años por Ricardo Burgos Careaga, aunque con las más importantes propiedades en Motril, centra más sus intereses en Granada y Almería.

El paro obrero y la miseria siguen siendo todavía un tema preocupante para las autoridades locales que siguen realizando costosas obras urbanas con el fin de paliarlo en lo posible. Así los alcaldes Manuel Ortega Herrera y Luis Vinuesa Molina incluyen en sus programas políticos arreglos de diversas calles y derribos de antiguos edificios ruinosos, como fue el caso de la casa de la Tercia, el edificio del antiguo convento de los Jesuitas, la iglesia del desaparecido convento de San Francisco y el gran edificio, prácticamente destruido, del vetusto ingenio azucarero de El Toledano. Hay que recurrir en muchos momentos a la caridad para solventar los problemas más urgentes. Laura Martínez Banqueri, Dolores Garvayo de Castro, marquesa de Villamantilla, y María Asunción Díaz Moreu establecieron con sus propios medios una cocina económica para dar de comer a los numerosos pobres, cediéndoles el Ayuntamiento un local en el antiguo hospital de Santa Ana que se había trasladado, como hemos citado, al convento de Capuchinos.

La crisis volvió a sacar a la luz pública el ya viejo proyecto del ferrocarril Granada-Motril. Un nuevo plan de construcción y explotación parte en 1890 de Emilio Zayas, marqués de Cavaselice. Los cinco diputados por Granada, el conde de las Infantas, Luis Díaz Moreu, Mariano Agrela, Alberto Aguilera y Fernando Escavias, presentaron en el Congreso una proposición de ley para la construcción del ferrocarril. Parecía que por fin se habían puesto las bases para erigir la anhelada línea férrea. Pero esto no fue más que un espejismo que ocultaba un claro intento de especulación, no iniciándose en ningún momento las obras. El último intento decimonónico para dar vida al ferrocarril partió de la propuesta hecha por Antonio Alonso Terrón, escritor y periodista motrileño que trabajaría en Granada y después en Motril hasta su muerte, y publicada en 1899 en el librito titulado Medios prácticos para la realización del ferrocarril de Granada a Motril-Calahonda. Su iniciativa y los medios imprescindibles para llevarla a cabo chocaron frontalmente con la realidad, ya que el capital acumulado en Granada por la industria del azúcar de remolacha no se destinaría a financiar actividades productivas o de infraestructura, ignoraba, además, que los industriales y campesinos no siempre tenían disponibilidad de capital, sobrestimó la disponibilidad del marqués de Cavaselice a trasmitir la concesión que poseía sobre esta línea férrea y, por último, no tuvo en cuenta la situación económica nacional. En estas condiciones el proyecto de Alonso Terrón cayó en el olvido.

Termina el siglo XIX con más sensación de frustración que de triunfo. El azúcar en la que tanto se había confiado para el desarrollo de la ciudad, no sirvió para conseguir totalmente el deseado despegue económico, las grandes obras públicas de infraestructuras como la margenación del río Guadalfeo, la carretera a Granada, el puerto y el ferrocarril no se habían logrado impidiendo también la armónica evolución económica. De todas formas, el último tercio del siglo había servido para poner de manifiesto los grandes problemas de la ciudad. Algunos de ellos se habían resuelto, pero no se alcanzó la necesaria vertebración definitiva de la vida local con lo que quedaron aún pendientes de solventar diversas cuestiones y que, de no hacerlo a corto plazo, darían al traste con todo el bagaje de ilusiones que se habían planteado desde 1875. La política no ayudaría demasiado. Los viejos políticos locales imbuidos lógicamente por el caciquismo de la época, que les aseguraba el turno en el poder, no tuvieron la sensibilidad necesaria como para dejar paso a realidades más vivas y la inadecuación para resolver los problemas motrileños se hizo más que evidente.

El siglo XX vendría a poner palpablemente sobre la mesa los importantes temas sociopolíticos y económicos que se habían dejado en el olvido o que no se habían tratado adecuadamente y que a partir de la nueva centuria se radicalizarían. Quizás faltaban políticos iluminados, afirmaba el editorialista del periódico local El Rumor, para que la problemática motrileña de final de siglo se viese con claridad patente. Pero, por lo pronto, la única iluminación que teníamos era el alumbrado público eléctrico que se inauguró en junio de 1896 siendo alcalde Luis Vinuesa Molina e instalado por la Compañía General de Electricidad.

URL: http://elfaromotril.es/?p=108240

Escrito por ElFaro en 10 jul 2018. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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