El Faro

LOS CUENTOS DE CONCHA

LA MIRADA DE UN EXTRAÑO

CONCHA CASAS -Escritora-

El extraño la miró de soslayo. A pesar de ser la única persona a la que no conocía en la amplia estancia, por un momento se sintió mucho más cercana a él que a ninguno de los  otros con los que se cruzaba cada día. Llevaba treinta años trabajando allí y nada tenía secretos para ella. A veces podía sentir incluso como las paredes le hablaban y lo hacían sobre todo de soledad; esos muros se sentían solos, quizás tanto como ella y no es que se quejara de su vida, ni mucho menos. Tenía un buen trabajo, prácticamente fijo, poco menos que una lotería en los tiempos que corrían. Sus hijos ya habían terminado sus estudios y estaban casi independizados, su marido también tenía un buen trabajo. Sus sueldos les permitían llevar una vida bastante cómoda, aunque sin grandes lujos. Sí se permitían sus caprichitos de cuando en cuando…

Sin embargo algo en su interior estaba insatisfecho, no sabía bien qué, pero esas paredes que le hablaban se lo recordaban cada día. Y la mirada de ese extraño fue cómo una evidencia de ello.

Alisó su blusa y se alegró de haber elegido la azul, hacía juego con sus ojos y hasta su marido que nunca le decía nada agradable (ni desagradable, la verdad es que prácticamente no se decían nada, seguramente porque no tenían nada que decirse),  le había comentado lo favorecida que estaba con ella.

No se había maquillado, se arrepintió de su pereza. Ya no tenía veinte años, de hecho hacía mucho tiempo que los había dejado atrás y un toquecito aquí y otro allá, ayudaba a disimular esas arrugas, que se empeñaban cada día en mostrarle que, a pesar de lo monótono de su existencia, los días pasaban y que el tiempo que apenas dejaba huellas de interés en su alma, se resarcía con su cuerpo. Se pellizcó las mejillas, algo de color animaría su rostro.

Buscó de nuevo la mirada del desconocido y entre medias visualizó a media docena de mujeres más jóvenes y más deseables que ella.

Se sorprendió a sí misma con ese pensamiento. Hacía años que no pensaba en ella como alguien deseable. De hecho prácticamente ni pensaba en sí misma. Desde que nacieron los niños, todo lo que  se hacía era por y para ellos, las vacaciones, el barrio donde vivir, los centros de ocio, los amigos….Pero los niños ya casi ni estaban ¿qué había sido de su vida desde entonces? … nada…

De repente sintió que un abismo se abría bajo sus pies y miró a esas viejas paredes cómplices de su soledad desde hacía tantos años, pidiéndoles auxilio.

¿Qué había hecho de su vida? ¿En qué se había convertido aquella inquieta y revolucionaria jovencita que iba a cambiar el mundo?

No podía entender como la simple mirada de un extraño había desatado tal tempestad en su interior. Sintió que ella, su verdadero ser, se había perdido en esa vida plana e insulsa que había fabricado en torno suyo.

La mañana se le pasó sin pensar, apenas hizo nada productivo, pero su mente trabajó muy deprisa. Recuperó sus viejos sueños, con los que creció e inició  su camino y de los que hacía tantísimos años se había alejado.

Se miró las manos, ellas formaron parte de su sueño en aquel lejano tiempo perdido. Le gustaba dibujar, incluso era muy buena haciendo retratos, aunque desde la comunión de los niños no había vuelto a coger los pinceles. Recordó que alguna vez llegó a soñar que viviría de ello y que incluso expondría su obra y viajaría por el mundo mostrando su arte.

Miró de nuevo a su alrededor. Sus compañeros, los más antiguos, los que entraron cuando ella, soñaban con la jubilación, con algún plan de regulación de empleo que los prejubilase en buenas condiciones.

Sintió que se ahogaba, decidió escapar de allí. Al llegar a la puerta de la calle cerró los ojos y respiró, el aire primaveral acarició su rostro como si de un bálsamo se tratase. Respiró hondo y miró a su alrededor. En la acera de enfrente, a punto de doblar la esquina estaba de nuevo el desconocido. Sus miradas se encontraron y él le sonrió. Esta vez ella también lo hizo abiertamente y supo que algo trascendental había ocurrido en su vida. Una parte de sí misma que ya ni recordaba, había renacido gracias a la mirada de ese extraño.

Decidió que nunca más permitiría que volviese a suceder, una nueva mujer acababa de nacer y la vida se le antojó más maravillosa que nunca.

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Escrito por ElFaro en 31 jul 2017. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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