El Faro

FINIS AFRICAE

¡HASTA LA VISTA, AMIGO BUD!

FRANCISCO GUARDIA -Escritor-

A finales de la década de los sesenta y principios de los setenta del pasado siglo en el sevillano pueblo de Camas existía un cine de verano ubicado en la calle Santa María de Gracia en un entorno imposible de borrar de la memoria: a un lado la pescadería de Manolo que a la caída de la tarde se transformaba en freiduría de seductores aromas que nos excitaban la gula con sus papelones de estraza pletóricos de adobo, calamares y todas las exquisiteces de la mar, y al otro lado la peña taurina de Curro Romero reducto de sabios y ponderados taurómacos, al que seguía el bar Tívoli, con un aspecto menos chic que en la actualidad, pero generoso en sus caldos y expendedor del más deleitable mosto del Aljarafe al que un paladar antojadizo podía aspirar.

En los altos de los locales que ocupaba aquella peña viví algún tiempo por azares de la vida y gracias a la liberalidad de mi buen amigo Emilio Salas con el que compartí buenos ratos de café, copa y conversación, en especial sobre la vida extraterrestre que era una de sus obsesiones. Y como los veranos en Sevilla son calurosos, siempre me ha gustado el cine y lo tenía tan cerca que sólo tenía que bajar una escalera, era rara la noche que no me sentaba en sus butacas para dejarme seducir por la magia de la pantalla. Fue allí donde por primera vez tuve ocasión de disfrutar de algunos spaghetti westerns y entre ellos el tan divertido Le llamaban Trinidad.

Aunque existían precedentes fue esta película exitosa la que popularizó un cine del Oeste muy diferente a las historias épicas, serias, en clave dramática a que nos tenían acostumbrados cintas tan inolvidables como Murieron con las botas puestas, Duelo de titanes, Dos cabalgan juntos, Solo ante el peligro o El hombre que mató a Liberty Valance. Vista la aceptación de un público con ganas de reírse sin renunciar a la acción, surgieron secuelas y nuevas historias con distintos enfoques y escenarios, que catapultaron a la fama a la pareja protagonista: Bud Spencer y Terence  Hill. Ambos supieron aprovechar la vieja tradición de parejas “disparejas” que reparten mamporros, silletazos y toda clase de golpes hasta conseguir divertir sin que aquello parezca violencia: pura broma como los trastazos que nos brindan los viejos filmes de Oliver y Hardy, o los payasos de cualquier función circense.

Hoy me desayuno con la triste nueva de que ha muerto Bud Spencer (Carlo Pedersoli en el registro civil) y noto un desconchón más en el edificio de mi biografía. Porque no sólo somos unos seres compuestos por un agregado de células como enseña la biología (y por algo intangible que se llama alma como creemos muchos) sino también nuestra familia, nuestros amigos, nuestras lecturas y películas, los paisajes que hemos visitado, y cada vez que alguien de ese pequeño mundo se va, se cuartea la fábrica que nos sostiene.

Bud Spencer

Por eso postergo un articulillo sobre topónimos que tenía listo para enviar a EL FARO a fin de redactar estas líneas apresuradas en su memoria. Como no soy experto en cine, sino simplemente un espectador que goza viéndolo, no entraré en campos que no son míos metiéndome a analizar la filmografía de este entrañable actor que de forma ya definitiva hace mutis por el foro. Doctores tiene la Iglesia y en Motril están entre otros Miguel Morales Montes y Antonio Esteban Lirola que pueden hacerlo mejor que yo.

Mi particular homenaje será revisar sus filmes atesorados en mi pequeña videoteca que siempre anda desorganizada porque tengo la mala costumbre que devedé que saco rara vez vuelve a ocupar su lugar correcto. Me ocurre igual con la raquítica bibliotequilla y a pesar de que mi mujer lleva años intentando que corrija la tendencia al desorden ya empieza a dar esa guerra por perdida. Tal desbarajuste tiene una ventaja porque hay libros y películas que nunca buscarías en su lugar y de esta manera se te vienen a las manos excitando la curiosidad de volver a repasarlos.

En cuanto al buen Bud, descanse en paz. Allá Arriba San Pedro le habrá proporcionado buen alojamiento después de que parodiando a Cervantes diera cuenta de su paso por la vida terrena: ” Yo he dado con mis pelis pasatiempo / al pecho melancólico y mohíno, / en cualquiera sazón, en todo tiempo”.

URL: http://elfaromotril.es/?p=64793

Escrito por ElFaro en 30 jun 2016. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

Deja un comentario

mugen 2d fighting games

Galería de fotos

Acceder WordPress Blog
Wp Advanced Newspaper WordPress Themes Gabfire