El Faro

Ha fallecido D. JAVIER CASTRO MARTÍN

OBITUARIO

JAVIER CASTRO MARTÍN EN LA PRESENTACIÓN DE SU LIBRO "Motril, gran ciudad" (2011)

En recuerdo de JAVIER CASTRO MARTÍN, colaborador de la sección «El Motril que fue»
 
 
 
 

 

Domingo López Fernández

El pasado 11 de abril fallecía en nuestra ciudad Javier Castro Martín, persona entrañable y muy conocida en Motril dada su dilatada trayectoria laboral en el sector del comercio y la restauración. Personalmente me unió a él una gran amistad a pesar de haberle conocido tardíamente, pues mi primer contacto fue en 2006. En aquel año publicaba su libro «Viva Motril que es mi tierra», y por expreso deseo quiso que actuase de moderador en el acto de su presentación. Desde entonces se intensificaron mis encuentros, pues Javier atesoraba en su memoria datos de gran interés para la historia de nuestra ciudad. En una de esas entrevistas en las que me relató como fue la explosión del polvorín de la capilla de los Dolores, conseguí que escribiera un artículo que tituló «Notas sobre el Cardenal Belluga y la Capilla de la Virgen de los Dolores», trabajo que vio la luz en EL FARO en el año 2007. Posteriormente y otra vez animado por mí, publicó en 2011 «La ermita de San Sebastián. Recuerdos y tradiciones del Motril de antaño», donde se adentra en la historia de este desaparecido templo y la festividad de su santo patrón.

Su carácter jovial e incansable le hizo embarcarse en una nueva aventura editorial en ese mismo año, esta vez con otro libro, «Motril Gran ciudad», un canto a la tierra que le vio nacer y que fue presentado con gran éxito en el salón de actos de la antigua escuela de Formación Profesional. Con su particular gracejo Javier Castro participó igualmente como contertulio en un programa semanal de Onda Sur Motril donde en unión de José López Lengo y Antonio Esteban Lirola debatían temas locales de épocas pasadas. Javier Castro Martín fallecía en Motril el día 11 cuando contaba 89 años de edad y desde la sección de «El Motril que fue» en la que él participó hemos querido rendirle un homenaje a su figura que ha quedado a cargo de su compañero de tertulia y colaborador de EL FARO José López Lengo.

He aquí el homenaje a su memoria.

Recuerdos inolvidables de Javier Castro Martín
Jose López Lengo  Desde mis adentros elevo una oración por Javier, adrede el 13 de abril 2013, dos días después de su marcha, pues nació un 13 de mayo ¡Virgen de Fátima!; procreó en su matrimonio 13 hijos, todos varones; alguno de sus domicilios estaba numerado con el número 13 de la calle; montó el 13 de octubre del 2006 la tertulia radiofónica en que participo; y algún 13 más dató otros acontecimientos venturosos de su vida que no recuerdo ahora. Era su número de la buena suerte, contra la superchería popular de mal fario, del maleficio.

Lo observaba desde la distancia siendo yo niño, era mayor que yo cerca de cuatro años. Me parecía una proeza cuando se arrojaba al mar para ir a arrancar mejillones del casco del «Augusto», barco de Ibarra fondeado en el Puerto varios años, allá por los treinta. Me admiraba la diligencia con que realizaba las funciones de monaguillo en la Iglesia Mayor con Jacinto Ruiz: ayudando a Misa, encendiendo y apagando velas, volteando las campanas con una cuerda…o bien, participando con los Tamayo en los actos musicales religiosos. Años más tarde lo encontré sorpresivamente de oficinista en la Azucarera Montero, sita en la calle Cruz Conchas, junto con D. Antonio Montero Barranco, Salvador Romano y otros, sin haber recibido más que una somera instrucción primaria con Ayudarte o en la Escuela del Ave María de la Esparraguera donde sus padres estaban empleados, y algunas clases de contabilidad. Y por fin, independizado ya, ejerciendo con éxito el comercio al por mayor de jamones y la representación de varias mercaderías. Sentí el prurito envidioso al contemplar cómo una persona por su propio esfuerzo, superándose a sí mismo, había alcanzado el triunfo profesional, la simpatía, estima y amistad de cuantos le trataron (Jacinto Ruiz; Alfonso Meyniel, Salvador Romano, su compadre; Manolo Carrascosa…, etc.).

Personalmente empecé a tratarlo tardíamente: cuando lo cité en un artículo a propósito de dos historias motrileñas, únicas en sus respectivos temas, que publicó en «El Faro»: La fundación de las Escuelas del Ave María de la Esparraguera, al cumplirse el cincuentenario, y la Explosión de la Iglesia Mayor, que vivió en primera persona. Pues bien, al poco de publicarse la mención me telefoneó para agradecérmela ¡la primera vez que recibí una llamada de reconocimiento! Desde entonces nuestro trato fue creciendo en amistad y afecto mutuo hasta tal punto que vino un día a Madrid exclusivamente para ir conmigo al stand de Motril en FITUR, regresando al día siguiente; después, muchas veces nos hemos telefoneado para hablar por hablar, sin tema concreto, aprovechando la franquicia de la tarifa plana, o bien para comentar sus artículos festivos en «El Matusalén» o en «Motril en tu mano», ya lo religiosos en el Boletín de los Agustinos.

Muchas muestras de su obsequiosidad me dio: al regresar de un viaje a Motril en que me leyó algunas de sus anécdotas me regaló una paletilla magra; en otra ocasión, por Cuaresma, conociendo mi observancia de las normas del tiempo litúrgico y sabiendo mi debilidad por las «espichás», tuvo la ocurrencia de enviarme por correo un lote en una bolsa al vacío; después de quince días en que estuvimos en Talavera de la Reina las recogí en el buzón, aquello tenía más aspecto de paté fermentado que de boquerones playeros; cuando me preguntó por envío le tuve que confesar, aun agradeciéndoselo, que lo había tirado a la basura, a lo que me contestó lacónicamente con su característica muletilla «¡Eso es!»

Pero se selló en letra de imprenta nuestra afinidad cordial cuando me confió el prólogo a su primer libro ¡Viva Motril que es mi Pueblo! en el que manifesté en unos versos que «yo quise ser como él». En la presentación del libro la sala de actos de la Caja General se abarrotó como nunca, testimoniando los motrileños el atractivo social del autor.

No es posible condensar en unas líneas necrológicas el esplendor y los destellos de un corazón grande como el suyo; las palabras se agotan antes de transmitir todo el sentimiento que suscita una persona cabal que ha sido hijo generoso, marido fiel, padre ejemplar, amigo incondicional, trabajador laborioso, competente, honrado y alegre, enterizo en la adversidad y humilde en el triunfo.

Un ser irrepetible que deja la tristeza de la ausencia, más, tengo para mis adentros, el consuelo de que el Supremo lo ha recibido con los brazos abiertos invitándole a disfrutar de la bienaventuranza eterna.

Madrid 13 de abril de 2013

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